Mar.-Abr. 2012

 

Editorial: De las tácticas y de las estrategias; manteniendo relaciones de dominación…

 


¿Los procesos de dominación no son más complejos y complicados que la guerra?

M. Foucault. Entrevista, 1977

 

¿Vivimos en Guerra? Y si es así, ¿dónde está? ¿En las instituciones? ¿En la agenda global? ¿En la democracia? ¿En los regímenes de verdad? ¿En los discursos? ¿En el capitalismo?

Una de las caras más amplias del análisis de la política internacional debe de estar concentrada en los diferentes mecanismos de dominación; del cómo operan y qué relaciones establecen, para así dar luz a la emancipación y reducir los niveles de una guerra absoluta.

Nos encontramos en momentos muy delicados donde los sometidos se enumeran en tres cuartas partes de la raza humana, no solo dominados por mecanismos clásicos, sino ahora, por un crisol de tácticas y estrategias tan singulares que se insertan en la cultura, la economía o las ideologías.

Este número se crea con la intención de poner a la Guerra como punto toral de estudio, así como lo que se construye paralelamente a su alrededor. Con el análisis, los resultados arrojan un conjunto de advertencias que forjan conciencia de la magnitud de lo qué está en juego.

Para la cabal comprensión es necesario utilizar un pensamiento complejo, como muestra de ello, en los
Escenarios, Robinson Salazar, director de la revista Insumisos, nos muestra el análisis de una serie de herramientas antipopulares que los gobiernos conservadores utilizan para seguir manteniendo relaciones de sumisión.

Desde el supuesto de Karl Von Clausewitz «La guerra es la continuación de la política por otros medios», David Herrera Santana se propone abordar el tópico de la guerra como «eje transversal de análisis de la sociedad y de las relaciones internacionales en el siglo XXI». Propone analizar la situación global como resultado de una guerra que ha fundado la dinámica actual y que se ha legitimado a través de mecanismos de dominación, normalización e interiorización de verdades, de discursos y de prácticas destinadas a crear un consentimiento expresado en la difusión de visiones de mundo dominantes. Para ello, propone el concepto de «conquista originaria» para referir al momento fundacional engendrado por la guerra.

«Desde esta perspectiva» argumenta, «la conflictividad internacional, las desigualdades e iniquidades, los mecanismos de exclusión, la dependencia, la vulnerabilización e invisibilización de grandes porciones de la población mundial, no son más que la expresión más clara de una guerra que acontece en el cotidiano, pero que a través de su normalización, se ha diluido en la percepción y en el interrelacionamiento social».

En la tinta de Melisa Salazar, las nociones de terror, miedo, violencia, crimen y guerra tradicional son parte de la actual industria mediática, como interés hegemónico y neocolonizante donde impera el traslado de la
guerra de baja intensidad y la creación de las estrategias, incluido el retorno de la guerra; pero no con los frentes tradicionales, sino ceñida en el combate de lo simbólico, de las ideas, el pensamiento, la palabra y la alta participación de los agentes comunicacionales que surgieron en el periodo de posguerra junto al uso de la fuerza armada y policial.

Todos contra la guerra del gran hegemón, todos contra la guerra permanente que impone el capitalismo. Sin duda alguna para lo que compete a este número, es una piedra angular el estudio mesurado de la Coordinadora General del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica y profesora del Instituto del Investigaciones Económicas UNAM, Ana Esther Ceceña, para quien el signo más elocuente de la sociedad contemporánea es la guerra. La guerra bajo sus diversas formas y en todas las dimensiones del universo relacional: la guerra económica, la guerra cultural, de la inteligencia y de las ideas y la guerra militar. La política, en el capitalismo, es el instrumento legítimo y legitimador de la guerra. La competencia, que es otro modo de llamar a la guerra, es su esencia fundante… ¿Es posible imaginar relaciones humanas sin relaciones de poder?

Por otro lado, Pablo González Casanova nos explica de una manera muy detallada y puntualizada la manera en que opera la dominación desde el imperio, del capitalismo, del centro, de Occidente y de las grandes y desastrosas consecuencias como la miseria, destrucción, esclavos, discriminados, explotación, pobreza, y guerra. Relaciones de ese carácter se dan en todo globo terráqueo, pero –y esta es la gran conclusión de su ensayo- el escenario no es del todo desolador mientras existan los movimiento sociales, los movimientos antisistémicos y nuevos proyectos que construyan democracias directas y poder de las colectividades.

Desde el
Mirador, con un tema excepcional, Jonathan Havercroft nos explica cómo las milicias espaciales podrían definir las relaciones de poder en el Espacio Exterior, lo que involucra su uso estratégico, la tecnología y armamento disponible para estas prácticas.

Por su parte, John Saxe Fernández abre de manera insólita e inaudita uno de los temas principales de estudio sobre nuestros recursos energéticos, sus dinámicas y los conflictos que se están generando en la relación del imperio y la periferia. Por lo que expresa que «no extraña a nadie la prisa estadounidense por transformar las Américas en una nueva “Arabia Saudita”» y por esto pronuncia que es urgente modificar el rumbo «desnacionalizante y desindustrializante» en materia energética que se asentó desde hace treinta años.

Edgar Morales nos expone la expiación del mercado chino hacia Rusia con base en la nueva política exterior de Putin, el embargo militar de Estados Unidos contra Caracas y la relativa perdida de hegemonía estadounidense que podría abrir la posibilidad de un recalentamiento de la Guerra Fría entre EE.UU. y Rusia por el motivo de la venta de armas a Venezuela. De tal modo, el conjunto de todos estos elementos orillan a Venezuela a adquirir armamento, mayoritariamente de Rusia. Sin embargo, este rearme no debe ser visto con fines alarmistas. Venezuela es el mayor importador de armas de Rusia pero no es el mayor importador de armas de América Latina, al menos hasta mediados del 2011.

Por último, William I. Robinson, argumenta de manera enfática de que nuestra misma sobrevivencia está en peligro tomando como base para esto la crisis del capitalismo, la extrema derecha y convulsiones e incertidumbres que han cambiando la correlación de fuerzas en todo el mundo pero para desarticular todo esto dice que solo a través de la lucha internacional de las masas desde la bases, la distribución de la riqueza, será posible.

Es de esta manera que el número pretende darle continuidad, como en algún momento se dio, dentro de la política internacional, de las Relaciones Internacionales y de las Ciencias Sociales en general, el tema de la guerra y su patrón de dominación. Esperamos que este trabajo ponga sobre la mesa nuevas preguntas, nuevos análisis y nuevas alternativas.



La imposición de una verdad fabrica sujetos vencidos, dominados, no sociales…
….no paz.
G.G.B.L


Escenarios XXI


Abril 2012

 

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